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Atención, atención

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31.05.2026

En la sociedad de la dispersión, la atención se ha convertido en el recurso más valioso

En la escuela unitaria de Perlá, se juntaban alumnos de edades muy diversas. Había piojos de cinco y fieras de quince, dignos de una mara, pero entonces no sabíamos lo que era una mara. Ya en los sesenta, conseguir la atención de esa tropa era complicado. No había muchas distracciones, pero el alumnado se despistaba con una mosca. A don Crescencio no le quedaba más remedio que recurrir al compacto borrador de la pizarra para espabilar a los discípulos que se perdían en sus ensoñaciones.

Llamar la atención siempre ha sido un objetivo prioritario del ser humano. A lo largo de la historia, hemos recurrido a métodos muy diferentes. Desde el rústico cuerno prehistórico, hasta los sibaritas golpecitos del cubierto en la copa de champán o los delicados toques de batuta del director sobre el atril, pasando por el tan contundente como eficaz borrador de don Crescencio.

Al parecer, los maestros de hoy día lo tienen más complicado. Los alumnos ya no se quedan alelados con las acrobacias de una mosca, sino atrapados en las mucho más peligrosas redes sociales y en los insondables recovecos de la "dark web".

Con la revolución digital y la multiplicación de distracciones, llamar la atención se ha convertido en una necesidad imperiosa, y no solo para los profesores. Infinidad de canales de televisión, infinidad de plataformas de video, infinidad de plataformas de podcasts, infinidad de cabeceras informativas... Vivimos en el paraíso de la oferta. El problema es que no nos ofrecen lo que demandamos, sino lo que el master del algoritmo (o lo que quiera que sea) decide por nosotros qué es lo que necesitamos. Y lo hace en todas las facetas de la vida, desde el entretenimiento a la política.

Ahora existen........

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