Una pobreza elegida
Opinión | Las cuentas de la vida
Se cumplen ochocientos años de la muerte de Francisco de Asís, el santo de la pobreza
San Francisco de Asis, en un fragmento de la pintura de Antonio Arias. / Diario de Mallorca
Hace ochocientos años que falleció el santo de Asís. Era la noche del 3 de octubre de 1226. Francisco pidió que lo tendieran desnudo sobre la tierra. Sabía que somos polvo y quería regresar al polvo, estaba enfermo. Pidió que le leyeran el Evangelio de san Juan y rezó con su comunidad el salmo 142, esperando la llegada de su hermana la muerte. Así la llamaba. Se había propuesto ser el último entre los últimos, el olvidado. La muerte es la suprema pobreza.
Hoy no lo vemos exactamente así. Es lógico que así sea. Queremos vivir y morir sin dolor. Optamos por evitar su rostro. Procuramos que la vejez no parezca vejez (los jóvenes hablan, a veces, de los joviejos para referirse a los viejos con mentalidad joven) y que la enfermedad apenas deje huella en nosotros. No deseamos conocer la muerte ni mirarla a la cara ni hablar con ella. Francisco no pensaba así. La llamaba “hermana” y convivía con ella. Había dormido con los leprosos y los había besado, había visto la guerra y había viajado con los cruzados. Su........
