La felicidad que se publica y la vida que se oculta: Mas empáticos menos perfectos
Vivimos en un tiempo en la que la felicidad parece tener un formato definido: viajes, éxito profesional, belleza, relaciones perfectas, consumo y reconocimiento social. Es verdad que las redes sociales no inventaron nuestro deseo de ser felices, pero amplificaron la posibilidad de representar, editar y comercializar imágenes o conceptos de felicidad. El problema surge cuando confundimos esa representación con la vida real.
Desde el rol de la comunicación social enfocados en la prevención del suicidio, debemos preguntarnos qué responsabilidad tenemos al construir espacios digitales donde pareciera que ser feliz significa permanentemente tener, gustar, consumir y recibir aprobación. No podemos afirmar que las redes sociales provoquen por sí mismas conductas suicidas, pues estas responden a múltiples factores. Sin........
