Armonía de lo Sagrado
“El hombre que no tiene música en sí mismo, ni se conmueve con la armonía de los dulces sonidos, es apto para traiciones, estratagemas y saqueos”. — William Shakespeare
Estas palabras, pronunciadas en El mercader de Venecia, nos recuerdan que la música no es un simple adorno estético, sino el eco de una armonía más profunda que habita en el alma humana, aunque nuestra “lodosa vestimenta de decadencia” a menudo nos impida percibirla.
La música se convierte así en un refugio interior donde el espíritu puede hallar una paz que el mundo, por sí solo, difícilmente puede ofrecer.
Esta paz no es ausencia de conflicto, sino la presencia de un orden superior que comienza a respirar en la arquitectura del absoluto que encontramos en la obra de Johann Sebastián Bach. Para Johann Wolfgang von Goethe, sumergirse en la obra del Cantor de Leipzig era presenciar “el diálogo de Dios consigo mismo antes de la Creación”.
Bach parece trascender lo profano de la vida cotidiana y situarse en el rigor sagrado que sostiene el cosmos.
Esta estructura de paz se expande hacia el barroco veneciano en el Largo del Concierto para dos violines en la menor, RV 522, de Antonio Vivaldi, donde la armonía parece levitar sobre la fragilidad humana con una........
