Los valores no se venden
Hace un par de días, una buena amiga escribió un pequeño y a la vez contundente comentario en torno a una decisión política reciente: los valores no se venden. La frase quedó dando vueltas en mi mente, trascendiendo el contexto y el espacio en el que surgió, y abrió profundas inquietudes sobre el camino que recorremos, lo que somos realmente y la manera en que enfrentamos la vida.
Más allá de nombres propios y coyunturas políticas, la frase toca una fibra íntima: la tensión permanente entre lo que creemos y lo que estamos dispuestos a negociar, en una época que celebra la capacidad de adaptarse, de moverse, de ‘leer el momento’. Y, sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar cuándo esa flexibilidad deja de ser inteligencia y empieza a convertirse en renuncia.
Si bien es cierto que no todo cambio significa una traición, también lo es que........
