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La prodigiosa luz

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29.07.2026

A veces es menester contar la historia de una bombilla.

Llegó a casa en una caja azul con inscripciones en inglés. Abajo tenía el sello de la General Electric. Mi padre lo compró, como una rareza, en un barco de la Grace Line, compañía para la que trabajó en su juventud. Uno podía pensar que este era el primer bombillo que había salido de aquella factoría en Nueva York, con la firma de Thomas Alva Edison.

Tenía unos cien centímetros de diámetro y uno podía ver claramente en su interior, pues estaba hecho de un vidrio claro, no nevado, y ahí era posible reparar en los filamentos que como estambres subían de su base.

En esa época se habló mucho en el mundo de un tal Caryl Chessman, al que llamaron ‘El bandido de la luz roja’, y en algún momento pensé que un bombillo así era el que había iluminado el último momento de uno de los más célebres personajes de la silla eléctrica.

El caso es que este bombillo no se prendía nunca en casa, y se convirtió en una........

© El País