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Cuando la escuela se abre a la familia, el aprendizaje se fortalece

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12.03.2026

Uno de los aprendizajes más importantes que me dejó la práctica pedagógica fue comprender que la educación no ocurre solo dentro del aula. Cuando las familias se involucran, el aprendizaje cobra mayor sentido y se vuelve más profundo, especialmente en procesos como la comprensión lectora.

Al iniciar las actividades, la participación de las familias era limitada. Sin embargo, la propuesta de trabajar la lectura a través de la elaboración de productos lácteos generó un espacio distinto: madres, padres e hijos compartían tareas, leían recetas juntos y dialogaban sobre los procesos realizados.

Este trabajo conjunto fortaleció no solo la comprensión lectora, sino también los vínculos familiares. Los estudiantes se mostraban más seguros al leer y explicar, porque sabían que aquello que aprendían en la escuela también tenía valor en casa. La lectura dejó de ser una actividad exclusivamente escolar.

En el aula, se evidenció que los estudiantes comprendían mejor los textos cuando podían comentarlos con otros. El trabajo colaborativo favoreció la reflexión, la ayuda mutua y el intercambio de ideas. Aprender a leer también fue aprender a escuchar y a respetar la opinión del otro.

Este enfoque coincide con lo planteado por Lev Vygotsky, quien sostiene que el aprendizaje se construye en interacción con otros. En esta experiencia, la lectura se fortaleció precisamente gracias a la colaboración entre estudiantes, docentes y familias.

Aunque no todas las familias pudieron participar de manera constante debido a limitaciones de tiempo, su presencia, incluso parcial, tuvo un impacto significativo. Los niños mostraban mayor motivación y compromiso cuando sabían que sus padres valoraban lo que hacían en la escuela.

También aprendí que el rol del docente no es hacerlo todo, sino generar espacios donde otros puedan aportar. La participación comunitaria permitió que la lectura se entienda como una práctica social, vinculada a la vida y no solo al currículo.

En definitiva, esta experiencia reafirmó que la comprensión lectora se fortalece cuando la escuela se abre a la comunidad. Leer juntos, aprender juntos y construir conocimiento de manera compartida permite formar estudiantes más seguros, motivados y conscientes del valor de la lectura en su vida diaria.


© El País