Están dejando solo al Valle
En muchos barrios de Cali esta semana la rutina cambió. Madres despiden a sus hijos con más precauciones, personas evitan salir de noche, comerciantes bajan la reja más temprano. No es una percepción aislada. Es una sensación que se ha instalado en la vida cotidiana. Y tiene razones concretas.
Es imposible no pensar en el dolor de las familias que sufrieron los ataques en el norte del Cauca, con más de 20 muertos y decenas de heridos. Los vallunos también volvimos a sentir terror con los explosivos dirigidos contra instalaciones militares en Cali y Palmira, hechos que evidencian mayor capacidad operativa y deshumanización del conflicto —al punto de utilizar un bus escolar en acciones terroristas—. A esto se suman ataques en Jamundí y Tuluá, con quema de vehículos y maquinaria que afectaron infraestructura, movilidad y sectores productivos.
Lo ocurrido no puede leerse como hechos aislados. Es un patrón que recuerda, en su lógica de presión territorial y afectación simultánea, lo vivido hace cinco años durante el estallido social. Pero hoy con un agravante: estructuras criminales que se han visto favorecidas por la mal........
