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El 100% y sus fantasmas: litio, dependencia y soberanía

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04.04.2026

Remontar la dependencia de un país no es una tarea sencilla. No creo que alguien realmente crea que revertir las estructuras económicas de un país subdesarrollado sea, efectivamente, fácil. De hecho posiblemente lo opuesto sea más cierto: creer que la situación es irreversible. Presentado así, la dependencia se reduce a una cuestión shakesperiana: eres o no eres. Emitir criterio sobre si un proceso contribuye a sacarnos de la dependencia nos remite una y otra vez a sobre si se es o no, aunque con un resultado de antemano sentenciado si hablamos de Bolivia: seguimos siendo dependientes.

Escribimos nuestra canción en el espacio  Como si ya estuviéramos muertos y olvidados  Dissociative  Marilyn Manson

En su desarrollo, la teoría de la dependencia podría decirnos cómo hemos sido dependientes desde mediados del siglo XX, cómo el neoliberalismo cambió las coordenadas y más recientemente cómo la revolución digital ha reproducido o generado nuevos mecanismos de esa dependencia. No es que no sea en gran extensión cierto. Pero cabe preguntarse hasta dónde este tipo de enfoques pueden ser inmovilizadores y generar el sentido común de que estos páramos han sido para siempre olvidados de la gracia de Dios. Otro tanto podría decirse de las teorías que giran alrededor del concepto de extractivismo. Una economía que se encuentra ligada y en relación de dependencia del mercado mundial poco margen tiene para renunciar a las divisas que le dan los recursos naturales. Mientras no hayan saltos de desarrollo económico  hacía opciones sustentables, verdes, naranjas, etc. más fácil será caer en la categoría “extractivista” que no.

El caso del litio boliviano nos da una muestra ejemplar del razonamiento dicotómico que existe en torno a proyectos de desarrollo. Los recursos de litio en Bolivia han alimentado expectativas desde mucho antes de la llegada de Evo Morales al poder en 2006. En el último tramo de la década de 1980 la población potosina chocó con las intenciones del gobierno de Victor Paz Estenssoro de concesionar el litio en favor de la LITHCO. Esperaban, ya entonces, que este recurso mineral -ahora sí- sirviera para edificar un desarrollo robusto. El negocio propuesto por Paz Estenssoro era en efecto desventajoso para Bolivia y en los hechos se optó por dejar el litio ahí, sumergido en las salmueras de Uyuni. El Comité Cívico de Potosí le dijo no al proyecto por la vía del negocio privado. Lo que estaba en juego entonces —quién controla el recurso y en qué condiciones se lo integra al desarrollo— no desapareció:........

© El País