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Germán Vargas Lleras

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14.05.2026

Época siniestra y borrascosa la que se iniciaba en el año 90. Luis Carlos Galán Sarmiento, un apuesto joven de rostro imponente, había tomado la bandera de un Nuevo Liberalismo; y de modo impetuoso y gallardo recorría el país con sus calles y pueblos y convocaba a la juventud para dar inicio a una lucha renovada de conquistas sociales, que impidiera el dominio de los más intrépidos y agresivos exponentes del narcotráfico y de su dinero.

Era la época nefanda de los grandes carteles, entre ellos el de Pablo Escobar. Galán entonces un día, en el propio Medellín, con autoridad y vehemencia, le rechazó a éste su intención de sumársele al movimiento con aspiraciones de ser representante a la Cámara. Y a partir de ese momento no hubo nadie que no supiera que vendría la muerte brutal y despiadada del joven caudillo, cuya estampa recordaba la de un ancestro suyo, comunero de nombre José Antonio Galán.

Sí, así fueron esos días y esas horas. Tristes, desgarradores, desesperados. Galán ya era el candidato del liberalismo unido. Era mi amigo y compañero del congreso. Un día me presentó a un........

© El País