Entre sábanas y secretos
Hace algún tiempo leí Licencia para espiar, de Carmen Posadas. Estos días el libro regresó por sí solo a mi memoria. No tuve que buscarlo: bastó recorrer los portales informativos y las redes sociales para sentir que Bolivia había entrado en una de sus historias.
Posadas nació en Montevideo, pero la carrera diplomática de su padre le regaló una infancia nómada y una adolescencia en Moscú, cuando la Guerra Fría convertía las embajadas en casas con más micrófonos que floreros. Radicada en España, escribió un libro cuyo subtítulo define el territorio: La novela de las mujeres que se dedicaron al peligroso arte del espionaje. Por sus páginas desfilan la bíblica Rahab, las envenenadoras de la India, Catalina de Médici, Mata Hari, princesas al servicio de Hitler y españolas involucradas en grandes complots del siglo XX. Una “novela de novelas” sobre mujeres que combinaron inteligencia, valor, seducción e ingenio.
Posadas cuenta que en el Museo Alemán del Espionaje, en Berlín, se exhiben paracaídas para palomas mensajeras, tintas simpáticas —capaces de ocultar un mensaje— y frascos que conservan “olor a........
