Gran coalición por Colombia
Resulta reconfortante registrar la dinámica que ha generado el resultado de la Gran Consulta por Colombia, transformada hoy en la Gran Coalición liderada por Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo.
Debe reconocerse la visión y el sentido patriótico de los promotores iniciales de la iniciativa y en especial de David Luna, quien supo dar el tono y el sentido de la conversación para sumar las virtudes de sus colegas, vistos no como contrincantes a destruir, sino como coequiperos y artífices de un proyecto común para volver a generar esperanza en el ejercicio de la política y en el liderazgo público.
El éxito de la iniciativa se ha fundamentado en la experiencia, la credibilidad y la confianza que sus integrantes generan, y en el hecho de que su apuesta electoral permite volver a tener el mérito, la competencia profesional, las ejecutorias comprobadas, la racionalidad, la coherencia, la firmeza de convicciones sin dogmatismos, la pulcritud, y en general las virtudes republicanas como premisas para obtener la adhesión de los ciudadanos. Esos son argumentos potentes que un muy amplio espectro del electorado reclama. Ello explica la elección de José Manuel Restrepo como fórmula vicepresidencial por otra de las campañas, o que los seguidores de Sergio Fajardo conserven alguna esperanza.
El ejercicio de exponer públicamente y reconocer sus diferencias para valorarlas y convertirlas en oportunidad de diálogo entre sectores efectivamente distantes es el aporte específico que Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo le han dado a la Gran Consulta, para transformarla en verdadera Gran Coalición. Quienes por táctica electoral presentan como debilidad o problema la sincera construcción de consensos, desnudan su frustración ante la fortaleza de la alianza que así se construye y una cierta incapacidad para reconocer que el país está cansado de divisiones. Lo cierto es que en ella deben caber todos los que no quieren ver al país recorrer los tortuosos y fracasados caminos que siguieron Cuba, Venezuela o Nicaragua, dictaduras presentadas como referentes a seguir por quienes hoy plantean una asamblea nacional constituyente con la pretensión de convertir a Colombia en un país de corte socialista a estas horas de la historia.
Cada uno examinará su conciencia, sus convicciones, su visión de país para apoyar la candidatura que mejor lo represente en la primera vuelta presidencial. Desde la perspectiva de quien escribe esta columna se trata ante todo de definir cuál es la mejor opción para Colombia en las actuales circunstancias en las que la necesidad de construir entre diferentes se ha convertido en exigencia vital para la defensa de la institucionalidad fundada en el ideario liberal con el que se construyó la República y enmarcada en el Estado de derecho y la economía social de mercado. Se impone en efecto acordar lo que mejor sirve al país y no a una ideología, buscar consensos creativos enfocados en lo que nos une y no en las controversias que dividen la sociedad y se centran en el odio o en las heridas que necesitamos sanar, actuar de manera eficaz y responsable para pagar la inmensa deuda social que subsiste y que las medidas populistas e irracionales desde la perspectiva económica, avaladas por el candidato que pretende darle continuidad al actual gobierno, ha terminado agravando y haciendo más difícil de resolver. Y si a ello se suma el respaldo del candidato Cepeda a la llamada política de Paz Total -que traduce pura y simplemente la entrega del país a la criminalidad-, no cabe ninguna duda sobre la necesidad de unir esfuerzos para asegurar el éxito de la coalición que derrote en las urnas esa visión de país.
La oportunidad de elegir a la primera mujer presidente de la República, con todo lo que ello significa como muestra genuina de cambio en la sociedad, no deja duda por lo demás sobre cuál es la mejor opción, y cuál es el tipo de destino que nos imaginamos para nuestros hijos: el que ofrece una trasnochada ideología así se vista de colores, o el sincero camino de entendimiento y de construcción colectiva que nos ofrecen Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo.
