“Plumas y lentejuelas”
Entre 1965 y 1968, alrededor de 30,000 cubanos inocentes fueron esclavizados en los campos de concentración del régimen castrista, lo que hoy equivaldría a 180,000 colombianos teniendo en cuenta la diferencia poblacional entre ambos países. Separados de sus familias, trabajaban bajo el sol sofocante del Caribe entre diez y doce horas diarias, cada día de la semana. Subsistían en cuarteles congestionados, sin electricidad ni estándares mínimos de aseo, recibiendo raciones insuficientes de arroz y otros alimentos frecuentemente podridos. Enfrentaban la amenaza diaria de ser torturados, golpeados o humillados públicamente si no cumplían con las exigencias de sus opresores.
Ese era el destino de los hombres cubanos considerados “antisociales” o “contrarrevolucionarios” por naturaleza, incluyendo a sacerdotes católicos, creyentes de diversas iglesias minoritarias, intelectuales librepensadores y pequeños terratenientes. También era el destino........
