¿Una apuesta por la transformación digital en el sector Salud?
Con todo, aunque la dirección política parece clara, persiste una interrogante decisiva: ¿se cuenta con el financiamiento suficiente para sostener esta transformación?
El reciente nombramiento de May Chomalí como ministra de Salud constituye una señal clara respecto del rumbo que el próximo Gobierno busca imprimir a la política sanitaria: avanzar con decisión hacia la transformación digital del sistema de salud.
Considerando su experiencia como directora del Centro Nacional de Sistemas de Información en Salud (CENS), esta apuesta puede resultar clave para el cumplimiento de los objetivos sanitarios de la próxima década, particularmente en un ámbito crítico: la integración e interoperabilidad de los sistemas de información para la salud, condición indispensable para mejorar la continuidad del cuidado y fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia.
En este contexto, cobra especial relevancia fortalecer la gobernanza e institucionalidad del Ministerio de Salud para conducir este proceso de manera coordinada. La creación de una estructura formal –ya sea un departamento o una eventual Subsecretaría de Salud Digital– permitiría articular esfuerzos, generar estándares comunes y asegurar que la modernización tecnológica sea consistente en toda la red asistencial.
Este punto es fundamental para evitar que el avance digital se traduzca en nuevas brechas entre territorios o instituciones, garantizando una transformación inclusiva y equitativa, donde “nadie quede atrás”.
Sin embargo, los desafíos de esta transformación son significativos. La digitalización no puede entenderse únicamente como incorporación de tecnologías, sino como un proceso integral que exige cambios en la gestión, en los modelos de trabajo y en las capacidades de los equipos de salud.
Si estos elementos no se consideran, es esperable que surjan resistencias, especialmente en sistemas sanitarios altamente complejos, donde la tecnología puede ser percibida como un mecanismo de control más que como una herramienta para mejorar la atención.
Por ello, el éxito de esta agenda dependerá de su capacidad para sostener un enfoque centrado en las personas, con formación, acompañamiento y liderazgo institucional, tal como se propone desde los marcos de transformación digital en salud pública
Asimismo, la futura ministra Chomalí cuenta con una trayectoria reconocida en la promoción de la interoperabilidad y el fortalecimiento de los sistemas de información. Esto abre una oportunidad concreta para orientar los esfuerzos hacia estrategias que incorporen buenas prácticas internacionales, pero con adaptaciones pertinentes a la realidad nacional, potenciando al mismo tiempo los avances locales ya existentes.
Con todo, aunque la dirección política parece clara, persiste una interrogante decisiva: ¿se cuenta con el financiamiento suficiente para sostener esta transformación?
La inversión en salud digital requiere recursos continuos y planificación de largo plazo. En un sistema de salud con necesidades urgentes y recursos limitados, el principal desafío estará en definir prioridades: si se avanzará de forma gradual, si se enfocará en iniciativas estructurales como interoperabilidad y calidad de datos, o si se optará por decisiones más profundas que permitan fortalecer el futuro de un sistema que hoy enfrenta un evidente desgaste.
En definitiva, el país se encuentra ante una oportunidad estratégica: modernizar el sistema sanitario no solo para hacerlo más eficiente, sino también más justo, integrado y capaz de responder a las necesidades de las personas en la era de los datos.
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