Políticas de superficie para un marasmo de fondo
La segunda gran omisión del mensaje del gobierno es precisamente el espacio. Chile vive comprimido. El pueblo se hacina indignamente en Santiago, mientras las regiones se vacían de destino. Devienen especies de pampas culturales y sociales.
El Gobierno presenta su proyecto de reconstrucción y reactivación. Habla un lenguaje aparentemente correcto: fomentar la inversión y dar señales de confianza. La liturgia está en forma.
Y, sin embargo, falta algo decisivo. Como que al llamado le falta poder transformador; a la palabra, fuerza creadora. Se administra la superficie mientras la decadencia de fondo permanece intacta. Se insiste en el error de creer que la vida nacional son hojas de cálculo más que un cuerpo con nervios, vida y tierra.
La propuesta no desciende. No toca aquello que explica el estancamiento persistente y el socavamiento de la legitimidad. Ajusta incentivos donde lo existente ya se agotó. Busca reparar el aparato. Pero hoy son ya partes fundamentales de la máquina las que requieren reemplazo.
Primera gran omisión: productividad. Ella se viene estancando desde finales de los ’90, independientemente del signo político. Aquí rige........
