Hacia una ciencia nacional
En un mundo alterado por avances y cambios inusitados, renunciar a formar capacidades estratégicas, más que neutralidad, es resignarse a que otros produzcan nuestro futuro y que Chile quede condenado a comprometer, cada vez más, su soberanía.
En 1912 Francisco Antonio Encina, un humanista de fuste, dirigió una crítica certera a la educación chilena: formaba en profesiones liberales y especulación, copiando modelos europeos, mientras relegaba la instrucción técnica, el gusto por transformar la materia y las destrezas consecuentes.
En un pueblo muy joven como el nuestro, forjado de la unión heterogénea de esforzados puñados de españoles y aborígenes que se hallaban entre la piedra y los metales, no eran las fuerzas de la especulación sino los poderes de transformación los más comúnmente repartidos.
Más de un siglo después, la falla persiste. El pueblo es sustancialmente el mismo. La educación continúa fuertemente orientada a la especulación antes que a la transformación. Incluso en la enseñanza técnico-profesional, no es inusual que institutos y centros técnicos se limiten a instruir a sus alumnos en disciplinas “de tiza y pizarrón”, lejanas a toda tecnología, no más que simplificadas y abaratadas respecto de las universidades.
Todos........
