¿Tanto importa Kant?
Kant enseña algo simple y exigente: no hay atajos. Ni por invocación, ni por abstracción, ni por decreto. Pensar cuesta. También hacer política sin excluir. Y, justamente por eso, importa.
La pregunta vuelve. Tras una columna reciente han reaccionado políticos y académicos de derecha e izquierda. La señal es alentadora: Kant importa.
Menos alentador: se lo conoce poco. Aun así, bienvenido el movimiento.
I. Desde la derecha, Kant “importa”.
Primero, una salvedad. Se ha invocado al fallecido Schwember, como si eso resolviera algo. A Schwember le tuve aprecio, pero su manejo del Kant decisivo —el teórico— fue más bien incipiente. Segundo, se afirma que Kant sería ajeno a lo nacional. Es un error. Kant sospecha de un Estado universal: dadas las diferencias de lengua, religión y costumbres, tendería al despotismo o a la anarquía. La forma estatal descansa en una comunidad histórica: lengua, creencias, hábitos de juicio, “sentido común”—. Nada de esto es........
