Conmovido por la encíclica Magnifica Humanitas
Necesitamos nuevamente soldados de esta doctrina: no armados de fusiles, sino de convicciones, capaces de recordar que la libertad sin responsabilidad se degrada, que la economía sin ética corrompe y que la tecnología sin humanidad termina por volverse contra el hombre.
Conmovido aún, después de haber leído la encíclica de León XIV. Conmovido por su defensa de la condición humana y el comprobar cómo el Humanismo Cristiano y la doctrina social de la Iglesia vuelven a levantarse como espada y escudo de la humanidad frente a las amenazas de nuestro tiempo.
Vivimos una época fascinante y peligrosa: fascinante por los avances de la ciencia y la tecnología; peligrosa porque hemos comenzado a confundir los medios con los fines. La técnica, que debía servir al hombre, amenaza con transformarse en su nuevo amo. El mercado pretende convertirse en el criterio supremo del valor de las personas y el individuo, emancipado de toda pertenencia, descubre demasiado tarde que la libertad sin comunidad termina pareciéndose a una nueva forma de soledad.
Por eso la voz de León XIV resuena con tanta fuerza: porque nos recuerda que el ser humano es más que un algoritmo, más que un consumidor, más que una pieza reemplazable en el engranaje económico, y que la dignidad humana no se calcula, no se transa y no se programa.
No es la primera vez que la Iglesia alza la voz. Lo hizo frente a las dictaduras y los totalitarismos, al proclamar la opción preferencial por los pobres, al advertirnos sobre el pecado social que se instala en las instituciones y los sistemas económicos. Lo hizo con Mater et Magistra, Populorum Progressio, Laborem Exercens, Centesimus Annus y tantas otras contribuciones que forman uno de los patrimonios intelectuales más fecundos de la........
