El "Magallanes" y el retorno de Chile a la construcción naval de gran escala
La historia naval chilena suele contarse a partir de combates, héroes y escuadras, pero el poder marítimo del siglo XXI también se mide por astilleros, ingeniería, acero, software, sensores, cadenas de suministro y capacidad de sostener una flota durante décadas.
La botadura del buque multipropósito LPD-93 Magallanes no debe ser leída solo como una ceremonia naval. Tampoco únicamente como la incorporación futura de una nueva unidad para la Armada de Chile. Su verdadero significado es mucho más profundo, ya que marca el inicio visible de una nueva etapa de construcción naval nacional, en la que defensa, industria, tecnología y estrategia marítima vuelven a encontrarse en un mismo proyecto de país.
El Magallanes es la primera unidad del Proyecto Escotillón IV, programa que contempla inicialmente dos buques multipropósito (el segundo será el Rapa Nui) y que puede proyectarse hasta cuatro unidades.
Construido por ASMAR en Talcahuano, sobre la base de un diseño adaptado a los requerimientos chilenos, el buque tiene 110 metros de eslora, casi 8.000 toneladas de desplazamiento y capacidad para transporte de tropas, vehículos, carga, helicópteros, embarcaciones menores, apoyo logístico, operaciones anfibias, búsqueda y rescate, evacuación de civiles y ayuda humanitaria ante catástrofes.
Es decir, no se trata de un buque pensado para un solo tipo de guerra ni para una sola clase de misión, sino de una plataforma naval flexible para un país largo, oceánico, austral, antártico y sísmico.
Chile necesita unidades capaces de operar desde el norte minero hasta los canales australes, desde Rapa Nui hasta la Antártica, y a su vez capaces de enfrentar una emergencia natural o una operación de presencia naval.
En ese sentido, el Magallanes responde a........
