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Del F-5 a los cazas de quinta generación

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18.09.2026

Decidir que Chile necesita un avión de quinta generación no significa simplemente elegir un modelo, acordar un precio y esperar su llegada. Comprar un sistema de armas de estas características no es como adquirir un automóvil y salir conduciéndolo de la concesionaria.

En julio de 1976, los primeros F-5E y F-5F de la Fuerza Aérea de Chile aterrizaron en la Base Aérea Cerro Moreno, en Antofagasta, después de recorrer más de 10 mil kilómetros desde California. Dos años antes, Chile había firmado el contrato para adquirir 18 aeronaves (15 monoplazas y 3 biplazas) que durante las décadas siguientes se convertirían en uno de los principales componentes de su capacidad de combate aéreo. Modernizados posteriormente al estándar Tigre III, los F-5 operaron durante años desde el norte del país y actualmente integran el Grupo de Aviación Nº 12, asentado en la Base Aérea Chabunco, en Punta Arenas.

Por eso, la conmemoración de sus 50 años de servicio, realizada hace pocos días por la FACH, tiene inevitablemente algo de despedida. Los F-5 se acercan al término de una extraordinaria vida operacional y la planificación institucional contempla su retiro en una ventana situada entre 2030 y 2035.

Parece mucho tiempo, pero para una decisión de esta magnitud no lo es. Y Chile debe comenzar a resolver con qué reemplazará la capacidad que representan.

La distinción no es menor. Como señaló el director de Planificación y Doctrina de la FACH, general de brigada aérea Milton Zablah, el objetivo es “recuperar la capacidad, no necesariamente el avión”. Y agregó otro elemento particularmente relevante: entre las alternativas estudiadas se encuentra la incorporación de un avión de quinta generación.

En ese terreno, las posibilidades reales son bastante más reducidas de lo que........

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