Un escenario de cenizas y olvido
La guerra no era solo el rugido de las máquinas que devoraban la tierra, sino el silencio de eso que se instalaba después, el polvo que velaba todo. La ausencia desnuda se alzaba en el horizonte, y ahora las aves no pueblan el ramaje. El humo evocaba furia, como dedos acusadores clavados en un cielo que se había vuelto ceniza.
El aire olía a hierro y a promesa rota de los campos sembrados. Era un aroma agridulce que se pegaba a la garganta. Rondaba el fantasma de la gloria pasada, prendiéndose a los restos de una tierra herida. Los conflictos van........
