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Sin miedo y sin precio

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06.09.2025

Las redes sociales se convirtieron en la nueva plaza pública. Allí se ejerce la veeduría ciudadana: se denuncian contratos, se exigen explicaciones, se señala al poder, se cuestionan funcionarios públicos. Y está bien, porque la Constitución reconoce que la ciudadanía vigile a quienes gobiernan. Esa vigilancia fortalece la democracia. Y más que un derecho, es un deber. El problema aparece cuando la vigilancia se confunde con espectáculo. Hoy, un servidor es blanco de insultos, memes y acusaciones de corrupción; mañana, ese mismo personaje es descrito como visionario y ejemplo de gestión. El péndulo va de un extremo a otro en cuestión de horas, sin que haya cambiado el hecho, solo la conveniencia de quien escribe. Eso no es........

© El Meridiano