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Entre Herodes y los médicos nazis

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20.02.2026

Dentro de las perversidades más reprochables que las Sagradas Escrituras y la Historia Universal nos han enseñado, tenemos las ejecutadas por Herodes, que, de acuerdo con el Evangelio de San Mateo, al enterarse este rey de Judea del nacimiento de Jesucristo y temiendo perder su trono, mandó sin contemplaciones de ningún tipo a matar a todos los niños menores de dos años residentes en Belén.

También quedaron documentadas las actuaciones de los mal llamados médicos del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. En los campos de concentración, figuras como Josef Mengele, "el ángel de la muerte", Carl Clauberg, Sigmund Rascher y Kurt Heissmeyer sometieron a prisioneros a experimentos crueles, degradantes e inhumanos en nombre de una ideología. Pues de alguna manera, por estos días en los que Colombia está consternada y apesadumbrada por la muerte de Kevin Arley Acosta, el niño de 7 años, quien padecía de hemofilia y a quien desde diciembre del año anterior la EPS no le daba el medicamento que pudo evitar su deceso, a la memoria llegan esos oscuros episodios de la historia y nos invade el temor de que casos como el de Kevin se sigan replicando con más frecuencia, demostrando el progresivo deterioro del sistema de salud en el país. Nos preguntamos: ¿En manos de quién está la salud en Colombia? En la de sucesores de Herodes que no se inmutan ante la muerte de niños inocentes y que indirectamente las propician, o en las de imitadores de los médicos nazis que someten a la población a experimentos —en este caso representados en fallidas intervenciones, intentos de estatización del sistema y otras maniobras que obedecen a ideologías, no a ciencia o humanidad—. Sea cual sea la opción, estamos enfrentando una angustiante situación. Lejos, muy lejos está el país de ser la cacareada "potencia mundial de la vida" que en campaña pregonaba el actual presidente. Presidente que, para más dolor y perplejidad, no admite el fracaso de la implementación de sus proyectos en el sistema de salud y con pasmosa tranquilidad se atreve a decir, secundado por su ministro de Salud, que la muerte de Kevin fue porque la mamá lo dejó montar bicicleta siendo hemofílico, intentando limpiar su conciencia de la responsabilidad que les atañe. Descaro e indolencia, dicen muchos. Por favor, no más experimentos con la salud de los colombianos, no más excusas, no más evadir responsabilidades; así como la ideología no da para comer, tampoco da para sanar. * Coordinadora Oficina de Fomento Editorial -Unisinú


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