Días de guardar
Lo digo así porque votar no es un mandado menor, ni una rabieta contra el de turno, ni un acto mecánico de poner una X. Votar exige algo que a veces escasea más que el agua: atención. Hay que leer. Hay que escuchar. Hay que comparar. Hay que hacer el trabajo. Y en este momento del país, hacerlo bien importa más que nunca, porque ya sabemos lo que cuesta dejar que otros decidan mientras uno se queda en la casa creyendo que todo da igual.
Esta elección, además, no llega vacía. Los candidatos ya han mostrado con suficiente claridad por dónde quieren llevar al país. Iván Cepeda es claro y consistente: propone profundizar la ruta del actual gobierno, con un Estado más dominante, una lectura ideológica más marcada del país y una continuidad que, en mi opinión, nos acerca a experiencias latinoamericanas donde la centralización del poder, la presión sobre las instituciones y la polarización terminaron debilitando la confianza, la inversión y la convivencia democrática.
Abelardo De La Espriella, en cambio, ha construido su campaña desde otro lugar: orden, control territorial, fuerza pública, un plan de choque de 90 días para seguridad y una narrativa de autoridad fuerte para devolverle presencia al Estado donde hoy no la tiene. Además, ya presentó públicamente un paquete inicial de propuestas de campaña.
Paloma Valencia ha organizado su propuesta alrededor de seguridad, energía, educación, infraestructura rural y formalización económica. En sus documentos programáticos insiste en crecimiento, empresa privada, fortalecimiento del Estado donde debe estar y generación de oportunidades productivas.
Y Sergio Fajardo, fiel a lo que ha sido su trayectoria pública, prioriza la educación, la transparencia, el empleo joven, la lucha frontal contra la corrupción, la recuperación de la seguridad y una apuesta por sacar a Colombia del choque permanente entre extremos.
Hasta ahí, los hechos. Ahora viene lo más delicado: la decisión.
Nadie podrá decir que no sabía. Los candidatos han sido claros, e incluso radicales, en sus posiciones. Que esta campaña no se pierda en la pelea entre nombres, sino que se eleve en la discusión de ideas. Porque el país no requiere más confrontación entre candidatos, sino la serenidad de los ciudadanos para escuchar, comparar y decidir.
Cuatro visiones. Cuatro caminos distintos. Y la decisión que tomemos afectará la economía, la seguridad, la salud, la educación… la vida diaria. Por eso estos no son días cualquiera. Son días de guardar.
Días para ir a votar con claridad. Días para no delegar en otros lo que es una responsabilidad propia. Días para demostrar que la democracia no es un discurso bonito, sino un ejercicio real. Pero más allá de mi decisión, que es personal, hay una que sí es colectiva: salir a votar. No puede ganar la abstención.
Ajá Leo, ¿y hoy qué?
Hoy, agendar el 31 de mayo. Hoy, dejar listo el 21 de junio. Hoy, leer, comparar y decidir. Porque hay cosas que no tienen precio. Y entre ellas, sigue estando tu voto.
