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Grandes historias del espionaje

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02.03.2026


Quizás el caso más resonante de la historia fue el de Watergate, ese escándalo que en 1972 sacudió las estructuras políticas y sociales de los Estados Unidos. La administración Nixon colocó ilícitamente dispositivos de escuchas en la sede del Partido Demócrata para intervenir sus comunicaciones; además, robaron documentos y acosaron a los adversarios, un grave abuso de poder; W Mark Felt, “Garganta profunda”, filtró información a los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, quienes la publicaron en The Washington Post. En 1974 se produjo la obligada renuncia del presidente Richard Nixon.

Wikileaks representa la ruptura de secretos de estado más significativa de estos tiempos. Julian Assange, un reconocido hacktivista australiano, fundó junto con otros compañeros el famoso portal; con Chelsea Mannig filtraron la mayor cantidad de documentos secretos de los Estados Unidos. Salieron a la luz pública los crímenes de guerra en Irak, asesinatos a civiles (“collateral murders”) y cables diplomáticos (“cablegate”), asuntos tan escabrosos por los cuales Assange fue perseguido tan despiadadamente que se refugió en la embajada ecuatoriana de Londres. En 2024, después de tres años asilado, se declara culpable y mediante un acuerdo con los Estados Unidos queda en libertad. Está abierto el debate acerca de si Wikileaks comunicaba al público casos aberrantes o si ello afectaba la seguridad nacional estadounidense.

Julius y Ethel Rosenberg protagonizaron un episodio bastante mencionado en la prensa; durante varios años filtraron a los soviéticos información crítica de las pruebas nucleares estadounidenses del centro de investigación de Los Álamos y la Universidad de Berkeley.  El hermano de Ethel los denunció y ambos fueron ejecutados según lo dispuesto por la ley estadounidense de espionaje. David Greenglass, el denunciante, pasó 10 años en prisión; poco tiempo después de salir confesó que se trató de una falsa denuncia. Este caso dio para algunos libros, películas y obras de teatro. En plena Guerra Fría se desata el affaire Guillame, un caso de espionaje que desarrolló el secretario personal del canciller alemán Willy Brandt, Günter Guillame. Este se presentó como un refugiado; trabajando para el gobierno, ganó la confianza del canciller, llegando a ocupar tan elevado cargo, lo que le permitió conocer importantes secretos de Bonn que pasaba a la Stasi. Cuando fue descubierto y detenido, Brandt se vio obligado a renunciar en 1974; la RDA había recibido muchísima información sensible, especialmente acerca de la Ostpolitik, estrategia que buscaba la normalización de las relaciones con los países del Este. Guillame regresa a la RDA tras un intercambio de espías; muere de un tras la caída del Muro de Berlín.

Hubo otros casos reconocidos: la espía rusa Anna Chapman operó en el Reino Unido; arrestada junto a otras nueve personas, fue intercambiada por otros espías y deportada a Rusia; allá se convirtió en una celebridad, desarrollando una carrera como modelo y presentadora de la televisión. El deporte no escapa al espionaje: en 2007, Nigel Stepney, jefe de mecánicos de Ferrari, fue señalado de suministrar documentos a McLaren, equipo que fue descalificado del campeonato de constructores de la Fórmula 1 y multado con USD 100 millones. En las Grandes Ligas del beisbol se registra un episodio que involucró a los Cardenales de San Luis, Astros, Medias Rojas y Yankees; Chris Correa, cazatalentos de los Cardenales, fue condenado a 46 meses de prisión en 2016 y multado con USD 279.038 tras hackear la base de datos de los Astros.

¿Estamos libres de espionaje? Gracias al espionaje electrónico en todas sus modalidades, sin descartar los métodos tradicionales, casi nadie tiene vida privada.

 


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