Cuando el Estado quiere ser Dios
El presidente De La Espriella fue demandado por supuestamente vulnerar la laicidad del Estado. Un juez le ordenó excusarse y él cumplió. Pero después de disculparse, volvió a invocar a Dios. Y ahí estalló la histeria. Lo que para algunos fue “desacato simbólico”, para cualquier jurista mínimamente serio es simplemente el ejercicio de un derecho fundamental. La reacción de ciertos sectores revela un problema más profundo: confunden laicidad con censura religiosa, y neutralidad estatal con ateísmo obligatorio.
La Constitución de 1991 es explícita: Colombia es un Estado laico, no laicista. La laicidad colombiana es una garantía de libertad, no un instrumento para purgar expresiones religiosas del espacio público. El artículo 19 protege la libertad de cultos; el 18, la libertad de conciencia; el 20, la libertad de expresión. Pretender que un presidente no pueda mencionar a Dios es jurídicamente insostenible. No existe en Colombia —ni........
