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¿Todo tiempo pasado fue mejor?

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23.03.2026


Todos, personas valiosas que tenían la capacidad de hacer su labor legislativa, y a la vez, trabajar en pro de la región; muchas cosas consiguieron para el departamento y para Santa Marta.  Curiosamente, algo semejante ocurrió en las otras ramas del poder.  La última corte de eminencias, de juristas de gran calibre, fue la que cobardemente asesinó el M-19 en el Holocausto del Palacio de Justicia.

Acabado el bipartidismo, comenzó el declive en la calidad de los servidores públicos.  No sucedió de la noche a la mañana, sino que ha sido un proceso degenerativo lento.  Aún en el nuevo universo del pluralismo político atomizado hasta el absurdo, se han dado excepciones notables en el Magdalena.  Sin ofender a nadie, en mi opinión, el último congresista que generaba respeto y era referente nacional fue Joaquin José Vives Pérez, más conocido como Jota.

Doy una mirada al pasado para que entendamos que quienes hoy nos representan, salvo una que otra excepción, no son políticos de los quilates de todos los mencionados anteriormente.  Por lo tanto, su labor legislativa es deficiente y son incapaces de defender los intereses de la región.  La política se convirtió en algo tan transaccional, que hoy en el Magdalena no tenemos verdaderos líderes o jefes políticos: manda don billete, que es el que quita y pone.  Ya veremos que hacen las nuevas caras en el congreso porque de las viejas ya tenemos idea.

Es cierta la afirmación que reza que los gobernantes son reflejo del electorado; el deterioro cualitativo de los miembros de nuestras instituciones es consecuencia de un ciudadano degradado, que participa superficialmente en el discurrir nacional o local al ritmo de las redes sociales y de las fake news, cuando no del tamal o la hallaca.  Varios de los congresistas elegidos y más votados, pertenecen a la categoría de los “influencers”.  Personas con capacidad de manejar las redes sociales y de crear y empujar narrativas, pero sin mayor formación, por lo menos, no una que le pueda aportar algo al país.  Son los nuevos fenómenos políticos y mediáticos que distraen al país de buscar soluciones a los problemas reales, básicos y fundamentales, para discutir hasta la saciedad lo utópico e inútil, los problemas y las verdades consensuadas y ficticias hijas de la ideología progresista.  

El país que dejará Petro, será un país descuadernado y al borde de la inviabilidad.  ¿Cómo se puede rescatar un país, si el templo de la democracia, el llamado a defenderla y ser la expresión verdadera del querer del pueblo es más un circo que un templo?  ¿Cómo se salvaguarda la democracia si todo es transable y comprable?  Recordemos que algunos de los más sonados escándalos de corrupción involucran a miembros del congreso. No que sea nuevo porque escándalos nunca han faltado en el país del Sagrado Corazón de Jesús, pero es que ya volvió paisaje.  Tan grave la cosa, que para citar solo un caso, el presidente de Ecopetrol con todas las investigaciones a cuesta, no renuncia ni su jefe, Petro, le pide la renuncia sin que pase nada.  Cuando el gato duerme, los ratones hacen fiesta.  El congreso es el gato.

 


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