No es la misma vaina
Porque para saber qué está pasando en el salón de clases hay que estar ahí, presente. Hay que mirar a los estudiantes a los ojos, escucharlos, entender cuándo están aprendiendo, cuándo están confundidos y cuándo algo finalmente entra en su cabeza. Y para estar realmente presentes en el aula tenemos que olvidarnos un ratico de los indicadores.
El problema es que muchos de esos indicadores no fueron diseñados por docentes ni por personas que hayan dedicado su vida a estar frente a un grupo de estudiantes. La gran mayoría vienen de modelos administrativos y de gestión pensados para otros sectores y fueron trasladados a la educación, incluso desde la mismísima pseudociencia de la autoayuda. Como si enseñar fuera un proceso industrial que pudiera medirse, estandarizarse y repetirse de la misma manera en cualquier lugar y en cualquier pelao.
Pero un estudiante no es una pieza de una línea de producción. Un salón de clases tampoco es una fábrica y un profesor no es Pedro, el de la industrial, haciendo arepas. No tiene que seguir una receta.
La educación se ha llenado de procesos, formatos, rúbricas, indicadores, evidencias y sistemas de seguimiento. Todo parece diseñado para demostrar que estamos........
