Cuando el país se pone por encima de los egos
Pero cada vez más colombianos están cansados de esa lógica. Cansados de la confrontación permanente, cansados de la política que vive de dividir, cansados de tener que escoger entre extremos que muchas veces parecen más interesados en ganar la pelea que en sacar el país adelante.
En medio de ese cansancio colectivo empieza a aparecer algo distinto; la fórmula presidencial de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo desafía varias de las etiquetas y simplificaciones que durante años han dominado el debate político en Colombia.
Si esta fórmula llegara a gobernar, el país tendría por primera vez una mujer en la Presidencia y al primer vicepresidente abiertamente gay en su historia. Solo ese hecho desmonta una narrativa muy repetida en la política reciente: la idea de que ciertos sectores tienen el monopolio de la inclusión, de la diversidad o de los cambios sociales.
La democracia es mucho más amplia que esas etiquetas, los avances sociales no pertenecen a una ideología; le pertenecen al país.
Pero el significado de esta fórmula va mucho más allá del símbolo… refleja algo que muchos colombianos estaban esperando: la posibilidad de una alternativa que combine firmeza con sensatez… una alternativa que permita hablar de seguridad, crecimiento económico, oportunidades y libertad sin caer en la lógica de la polarización permanente.
Porque lo que muchos colombianos quieren hoy es algo mucho más simple: Quieren vivir tranquilos, quieren trabajar, quieren emprender, quieren construir proyectos de vida sin miedo, quieren poder ser distintos sin ser enemigos, y quieren volver a creer que el país puede avanzar.
En ese contexto, esta fórmula también envía un mensaje interesante. Por un lado, una dirigente con trayectoria política clara y convicciones firmes. Por el otro, una figura técnica, respetada por amplios sectores del país y capaz de hablarle a votantes jóvenes, urbanos e independientes.
Pero quizás uno de los hechos más importantes de este momento político es lo que ha ocurrido alrededor de esta candidatura. Los candidatos que participaron en la gran consulta decidieron respaldar el liderazgo de Paloma Valencia y Juan Manuel Oviedo. A ese proceso de convergencia se sumaron además Daniel Palacios Martínez y Carlos Felipe Córdoba, quienes decidieron declinar sus aspiraciones presidenciales para unirse a esta construcción política.
En un país donde muchas veces la política gira alrededor de egos personales, estas decisiones envían un mensaje poderoso: cuando el país lo necesita, también es posible poner a Colombia por encima de las ambiciones individuales.
Lo que empieza a configurarse es una convergencia amplia de liderazgos. Dirigentes políticos, figuras técnicas, liderazgos regionales y sectores ciudadanos que comparten una preocupación común por el rumbo del país y que entienden que este no es momento de fragmentar, sino de construir.
También es importante decir algo con claridad: el debate público no puede reducirse a encasillar automáticamente a Paloma Valencia dentro de cada una de las posturas históricas asociadas al liderazgo del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Esa simplificación empobrece la discusión política. Cada generación tiene el reto de responder a su propio momento histórico.
Y en lo personal lo he dicho múltiples veces: mi percepción sobre Paloma siempre ha sido la misma. No es una dirigente que vea enemigos en quienes piensan distinto. Ve ciudadanos con opiniones diferentes. Y entiende que, en una democracia, muchas veces es precisamente con esas personas con quienes se construyen acuerdos. Esa visión es fundamental en un país diverso como Colombia, porque gobernar no consiste en profundizar las divisiones… Gobernar consiste en encontrar los puntos de encuentro que permitan avanzar como sociedad.
Colombia necesita menos etiquetas y más debate serio sobre Avanzar. Necesita discutir seguridad, crecimiento económico, instituciones fuertes y oportunidades para todos.
Al final, la pregunta que enfrenta el país no es quién representa mejor una etiqueta ideológica, la pregunta es quién puede ofrecer un proyecto capaz de unir a los colombianos y devolverle al país la confianza en su propio futuro.
En un país cansado de la pelea, tal vez la verdadera novedad política sea esta: volver a poner a Colombia por encima de todo.
