Nuevo diálogo o diálogo nuevo
Cuentan que cuando se casaba Andrés Eloy Blanco, que a los 47 años ya era un señor bastante corrido, El Morrocoy Azul, periódico humorístico de la época donde el mismo poeta era colaborador, publicó una nota que tras anunciar la boda, decía más o menos “No lo felicitamos a él, porque no la conocemos a ella, no la felicitamos a ella, porque lo conocemos a él”. No sé por qué no se me aparta del pensamiento ese recuerdo desde que se anunciara el diálogo entre la mayoría de la Asamblea Nacional actual (léase el gobierno interino) y la electa en 2015, con mayoría de dos tercios de diputados partidarios del cambio democrático.
Es natural es escepticismo, dados los repetidos fracasos precedentes y la escasa confianza derivada de que para la mayoría, hay actores demasiado conocidos y otros casi desconocidos.
Que la mano del gobierno de los Estados Unidos está detrás de este encuentro no es secreto para nadie, por más que con motivos explicables quienes ejercen el poder lo disimulen. Ya afloran predecibles incomodidades internas en su seno. Y en el campo opositor, la iniciativa ha dejado descolocados a........
