El apagón de la palabra: Escribir a oscuras en Barquisimeto
Vivir en Barquisimeto es, desde hace años, un ejercicio de resistencia e incertidumbre.
Aunque es una realidad innegable que toda Venezuela padece el colapso del sistema eléctrico, a quienes habitamos la capital larense nos toca sufrir este calvario en carne propia, día tras día.
Anoche me tocó, por casualidad, reunión de trabajo en casa de unos amigos. Les comenté que me iría temprano a mi hogar porque, entre otras cosas, también debía escribir mi columna para El Impulso.
En ese mismo instante se fue la luz; quedamos en la oscuridad y con una palabra atascada en la garganta… esa que necesitamos gritar pero que, quizá por ser una mala palabra, tampoco nos sale…
Mi frustración fue mayor al ver a Lucas, un niño muy inteligente de tan solo siete años, con cuadernos y lápices encima del mueble, apurado, pues necesitaba terminar la tarea y, además, practicar con sus papás una intervención que tendría en la escuela, el día siguiente.
Con pena lo observé, y pensé: ¿Cual será su reacción en medio de la oscuridad?
Entonces Lucas sacó de su morral un teléfono, pulsó la linterna, alumbró su cuaderno y siguió leyendo y escribiendo como si nada.
Me dolió el alma ver al niño con aquella naturalidad, sin lamento, sin un solo reproche, en medio de un silencio que más bien gritaba resignación.
Y es que, lamentablemente, ya vivimos en un........
