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Diarios Suplementarios: De la expresión excesiva al silencio extreme

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03.03.2026

Ni tan calvo ni con dos pelucas Proverbio criollo

«Ante la atrocidad, tenemos que tomar partido. 

El silencio estimula al verdugo.»

«Se necesitan dos años para aprender a hablar 

…y sesenta para aprender a estar en silencio.»

Ernest Hemingway (Literatura)

«La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda 

y cómo la recuerda para hablar de ella.»

Gabriel García Márquez (Literatura)

Al final, no recordaremos las palabras de nuestros enemigos, 

sino el silencio de nuestros amigos.»

Martin Luther King Jr. (Paz)

«Teníamos dos opciones: estar calladas y morir, o hablar y morir. 

Malala Yousafzai (Paz)

«Si hay un libro que quieres leer, pero aún no ha sido escrito, 

entonces debes ser tú quien se ponga a escribirlo [y a hablar de ello].» 

Toni Morrison (Literatura)

De La Expresión Excesiva

Normalmente, a un buen número de personas no les agrada la gente que habla mucho. Esta circunstancia por años descalificó a los elementos que son expresivos como fastidiosos e incluso han sido distinguidos de lenguaraces insufribles. Por supuesto, esta clase de individuos, impertinentes y por lo general sin modales, si existen, y tal vez haya más de los que quisiéramos. Pero están aquellos que, según nuevas investigaciones, son mas bien personas con excelente predisposición a las sanas costumbres que ayer eran virtualmente perjudiciales. 

Un estudio fue articulado en redes como probado científicamente, y alude que las personas adultas mayores son ridiculizadas cuando hablan demasiado, pero los médicos lo miran como una bendición, dicen que los adultos mayores en su retiro deberían hablar más, porque todavía, no hay manera de prevenir la pérdida de memoria. La única manera es hablar y hablar, más y más. Existen, al menos, TRES beneficios para los adultos mayores que hablen más… 

PRIMERO: Hablar activa el cerebro, porque el lenguaje y los pensamientos se comunican entre sí, fundamentalmente cuando se habla rápido, esto naturalmente acelera el pensamiento y mejora la capacidad de memoria. Los adultos mayores que no hablan tienen más probabilidades de desarrollar pérdida de memoria.

SEGUNDO: Conversar más previene enfermedades mentales y reduce el estrés. Los adultos mayores, a menudo, guardan todo en el corazón sin decir ni desahogar nada, se sienten asfixiados e incómodos. Dar a los adultos mayores la oportunidad de hablar más y escucharlos, los ayudará a sentirse mejor.

TERCERO: El habla ejercita los músculos activos de la cara, adiestra la garganta, aumenta la capacidad pulmonar, y reduce los riesgos ocultos del vértigo y la sordera, que frecuentemente dañan los ojos y los oídos.

En síntesis: Como adulto mayor, el único modo de prevenir el mal del Alzheimer es hablar e interactuar activamente con tantas personas como sea posible. No hay otro remedio. Por ello, se recomienda que grupos de amigos adultos mayores se reúnan en algún lugar, por lo menos, una vez por semana, durante 2 o 3 horas, para intercambiar opiniones y desestresarse con la sonrisa. 

Como bien pudimos observar, de acuerdo a las premisas saludables del hablar mucho, es un despropósito que no se conozca el origen verdadero de estos hallazgos científicos. En realidad, son aseveraciones que no son exactamente comprobables y más bien tiene detractores en la medida de las conclusiones antes expuestas. 

La estimulación cognitiva y la socialización son factores protectores, pero no son una «cura» ni el único remedio. Por eso, la causa de la enfermedad del Alzheimer es un padecimiento complejo con causas genéticas y biológicas únicamente, es parcialmente cierto, pues hay otros factores no conocidos que están por determinarse. Hablar rápido acelera el pensamiento. Es discutible, pues la velocidad del habla no fija la salud cognitiva. De hecho, la presión por hablar rápido puede causar estrés o ansiedad en algunos adultos mayores. No hay prueba que hablar reduce el riesgo de sordera y vértigo. No hay conexión médica entre el ejercicio de los músculos faciales al hablar y la prevención de la pérdida auditiva (sordera) o problemas del oído interno (vértigo); y Hablar aumenta mínimo la capacidad pulmonar. Si bien se usa aire, no sustituye al ejercicio aeróbico que realmente fortalece los pulmones y el corazón. 

Tradicionalmente, el silencio ha sido elevado a la categoría de virtud. Se le asocia con la prudencia, la sabiduría y el respeto, bajo premisas tan arraigadas como «el silencio es oro«. Sin embargo, al igual que sucede con el lenguaje, esta cualidad posee una dualidad que oscila entre el refugio terapéutico y el aislamiento perjudicial.

Al observar el silencio bajo la lupa de la salud integral, encontramos, al menos, TRES beneficios que parecen reivindicar la quietud:

PRIMERO: El silencio profundo fomenta la neurogénesis. Ciertos estudios sugieren que periodos de calma total favorecen la creación de nuevas células en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con el aprendizaje y la memoria. A diferencia del ruido constante, el silencio permite que el cerebro «desconecte» de los estímulos externos para procesar información interna.

SEGUNDO: Funciona como un regulador natural del sistema nervioso. La ausencia de ruido reduce los niveles de cortisol y adrenalina en la sangre. Para quienes viven en entornos urbanos saturados, el silencio no es solo falta de sonido, sino un bálsamo que estabiliza la presión arterial y mejora la calidad del sueño, actuando como un contrapeso necesario al estrés crónico.

TERCERO: Promueve la introspección y la agudeza sensorial. El individuo silencioso suele desarrollar una mayor capacidad de observación y escucha activa. Al callar la voz propia, se agudizan los sentidos restantes, permitiendo una conexión más profunda con el entorno y una gestión emocional más pausada.

No obstante, al igual que las afirmaciones sobre el habla exagerada, la «mística del silencio» también debe ser cuestionada cuando se lleva al extremo o se malinterpreta médicamente. En la realidad, el silencio absoluto no es una panacea y presenta detractores y riesgos evidentes: 

El aislamiento no es silencio: Existe una confusión peligrosa entre el silencio voluntario y la soledad impuesta. Si bien el silencio breve sana, el silencio prolongado en adultos mayores suele ser síntoma de aislamiento social, un factor que acelera el deterioro cognitivo más que cualquier otra carencia. La inactividad mental: 

Se dice que callar ayuda a pensar, pero el silencio sin estímulo puede derivar en «rumiación negativa». Un cerebro que no interactúa se atrofia; por tanto, el silencio absoluto no previene enfermedades degenerativas si no va acompañado de una vida intelectual activa.

Falsa relación con la audición: Se cree erróneamente que «ahorrar» el oído mediante el silencio protege contra la sordera. Al contrario, la falta de estímulo sonoro puede hacer que el cerebro pierda la capacidad de procesar frecuencias, empeorando la percepción auditiva con el tiempo.En síntesis, ni el hablar sin descanso es el antídoto definitivo contra el Alzheimer, ni el silencio es la fuente de la eterna sabiduría. La salud parece residir en el equilibrio: hablar para conectar y callar para procesar. La verdadera medicina no está en la cantidad de palabras, sino en la calidad de los vínculos que éstas construyen y la paz que el silencio nos permite encontrar entre ellas.

Marcantonio Faillace Carreño

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