Venezuela: Geopolítica, despilfarro y deuda
“… como Estado intervenido de hecho, es conveniente recordar que, el concepto de geopolítica encierra en su esencia, la propensión histórica de los estados a considerar en primer lugar la seguridad de su existencia, la de la nación, aunada a una visión futurística que aprecia como estratégica para sobrevivir, su posible ampliación hacia algunos territorios ajenos…”
Pensar que, lo que sucede en Venezuela tiene su sustento solo en la apetencia histórica de terceros sobre el petróleo y nuestras riquezas minerales, puede ser cierto en buena parte, pero también sería quedarse corto en un análisis dirigido a dar luces sobre una realidad que tiene muchas aristas, algunas de ellas ocultas o minimizadas en función de los intereses políticos que pudieren privar en un momento determinado y tiene que ver con la responsabilidad de nuestra dirigencia y la de todos nosotros en mayor o menor grado. Hemos sido un país de botarates, de pródigos, de derrochadores, duele decirlo, pero toda la riqueza que nos fue dada no supimos aprovecharla y en unas décadas la desaparecimos. Lo más evidente e indigno ha sido el impresionante despilfarro, doloso o no, ocurrido durante decenas de años y el cual, todavía algunos personajes se niegan a aceptar o lo tratan de justificar. Hoy enfrentamos una realidad que nos estalló a todos en la cara, nos expuso al mundo con toda la vergüenza que acarrea, lo triste es que, para muchos de los venezolanos permanecía oculta detrás de un discurso político mentiroso y manipulador. Ahora un país poderoso nos intervino, “motu proprio” se eligió como administrador, tenemos ahora un tutor que decide por nosotros, hemos sido declarados incapaces de administrar nuestros recursos, rondamos las puertas de ser un estado fallido. ¡Qué pena!
La geopolítica, la que estudia en qué medida la geografía física y humana influye en las decisiones de los estados, juega en todo esto de forma implacable, ella nos presenta una explicación de cómo y porqué los intereses de muchos países, han tenido y tienen, sus garras hundidas profundamente en la conformación de una tensa situación que afecta el equilibrio entre poderes mundiales y como, de forma absurda, nuestro país, sacrificando independencia, se vio de pronto participar en un juego de ligas mayores para el cual no estaba preparado, dejando únicamente como resultado final, años perdidos, vidas truncadas, la ruina física y moral, responsabilidad única de un sector político, el cual pretende ahora, lavarse las manos y erguirse como salvadores de la patria. Es una vil torpeza, cuando te entregas por muchos años a la apetencia de estados que consideras tus aliados simplemente por supuestamente tener coincidencias ideológicas y de pronto descubres que, los intereses político-económicos de tus socios privan en esa relación y solo has sido un triste títere manejado por ellos. Frente a eso solo queda preguntarse: ¿Por qué tanta estulticia?, o se trató de una complicidad planificada para disponer de los ingresos que por más de 760.000 millones de dólares obtuvo Venezuela entre 1999 y 2014.
Evoquemos aquellos viajes de Chávez a Irak y su agresiva posición anti norteamericana, consagrada en la Asamblea General de la ONU, el 20 de septiembre de 2006, cuando en su discurso, calificó al de los Estados Unidos, George W. Bush, de «diablo» y todos aplaudieron. Excavamos nuestro propio barranco, alineados con países que tenían nuestra misma inclinación nos convertimos, no solo en peones de la geopolítica, sino en una especie de cabeza de playa en el continente americano para la penetración de intereses foráneos y multinacionales de muy difícil control para un país económicamente débil y militarmente dependiente, una presa fácil de poderosos intereses, los cuales asumieron aspectos vitales del ejercicio de nuestra soberanía, incluyendo su seguridad e información, países que durante años recibieron y dispusieron de nuestras riquezas a cambio de “apoyo”, préstamos y empréstitos impagables, cuyos objetivos eran la realización de obras que nunca se ejecutaron y cuyos restos aparecen esparcidos por nuestro geografía como esqueletos de concreto en un paisaje surrealista. Un solo ejemplo: el Tren de los Llanos (del cual deriva el nombre de la organización criminal), un proyecto financiado por China con 7.500 millones de dólares el cual nunca se ejecutó. Todos nuestros dólares se perdieron, lo peor es que, además de botar nuestras fabulosas ganancias, contratamos una deuda total que arrastrarán los venezolanos por décadas y cuya estimación es mayor a 170.000 millones de dólares, una cifra de vértigo que hipoteca totalmente nuestro futuro a largo plazo y habrá que renegociar. No es posible entender cómo pudieron gastar tanto dinero, poner el país en garantía y empobrecer al pueblo de esa manera.
Debido a nuestra situación como Estado intervenido de hecho, es conveniente recordar que, el concepto de geopolítica encierra en su esencia la propensión histórica de los estados a considerar en primer lugar la seguridad de su existencia, la de la nación, aunada a una visión futurística que aprecia como estratégica para sobrevivir, su posible ampliación hacia algunos territorios ajenos. Así se estructuró, históricamente, la política exterior de las naciones poderosas. El término geopolítica se le atribuye a Rudolf Kjellén, geógrafo y político sueco quien lo introdujo en el año 1899, de esa forma surgió una nueva disciplina acogida muchos años después de la Primera Guerra Mundial por los alemanes, fascinados con las teorías de Kjellén, en especial “la influencia de los factores geográficos, en la más amplia acepción de la palabra, sobre el desarrollo político en la vida de los pueblos y Estados”. Posteriormente el general alemán Karl Haushofer, escribió sobre este tema en 1930 y dio a conocer sus teorías popularizando el término “Geopolitik”. Hitler tomó sus conceptos y los incorporó a la ideología Nacional Socialista. Esa vinculación con el régimen nazi trajo como consecuencia que, después de la Segunda Guerra Mundial, se dejara de usar el vocablo durante unos 25 años. Era una concepción militarista y totalitaria: el Estado omnipresente, la humanidad condicionada por el entorno físico, de allí el término “Lebensraum”, espacio vital, que justificó las expansiones territoriales. Hoy, luego de un proceso de decantación, que todavía prosigue, pensamos que, la Geopolítica pudiera considerarse, en una primera acepción y desde la visión particular de cualquier país, como un conjunto de ideologías, que definen la posición que éste asume frente al espacio geográfico que lo conforma y rodea, así como respecto a las fronteras que lo definen y sus vecinos. No se trata de una doctrina que alguien, en algún momento de la historia propuso, se trata más bien de un sentimiento de pertenencia generado dentro de una población homogénea y que está asentada en un territorio ancestral. Lo que ha pasado, o está pasando actualmente en el mundo, en parte es la exacerbación de ese sentir.
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