Buena Nueva: El más allá
La Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica nos dicen que, en el último día, el día del Juicio Final, saldremos a una resurrección de vida o a una resurrección de condenación, según hayan sido nuestras obras durante nuestra vida en la tierra (cfr. Juan 6,40 y 5,29; CIC #1001).La Resurrección de Jesucristo, que estamos celebrando, nos da respuesta. Y la respuesta es la siguiente: seremos resucitados, tal como Cristo resucitó y tal como El lo tiene prometido a todo el que cumpla la Voluntad del Padre. Su Resurrección es primicia de nuestra propia resurrección y de nuestra futura inmortalidad.No sucede enseguida: Pero en el “último día” (Jn.6, 54 y 11, 25); “al fin del mundo” (LG 48), en la Segunda Venida de Cristo: “Cuando se dé la señal por la voz del Arcángel, el propio Señor bajará del Cielo, al son de la trompeta divina. Los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar” (1ª Tes. 4, 16) (Catecismo de la Iglesia Católica #1001).Para resucitar es necesario, dice San Pablo, “morir a nosotros mismos” (cfr. Rom. 6, 3-11) Es simple de decir y no tan simple de lograr, pero definitivamente posible. Cambiando nuestro modo de ser, de pensar, de actuar, de vivir, para irlo haciendo cada vez más parecido al de Cristo. Con la ayuda de Dios, esto es posible.No podemos resucitar para la vida eterna si no hemos enterrado nuestro “yo”. Nuestras tendencias al pecado, y el apego a nuestros propios deseos y planes, cuando éstos no coinciden con la voluntad y los criterios de Dios.No fuimos creados para esta vida, que es sólo la ante-sala de la otra vida. Fuimos creados para el Cielo. Esa es nuestra meta. Y allí estaremos con Cristo. Y estaremos resucitados -como El – en cuerpos gloriosos.Quedarse deslumbrados con las cosas de la tierra, es perder nuestra brújula que apunta hacia el Cielo y nuestra ancla, que es la esperanza en nuestra futura resurrección… Y correr el riesgo de no resucitar para la Vida, sino para la condenación (cf. Jn. 5, 29).
Isabel Vidal de Tenreiro
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