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Crónicas de Facundo: Venezuela, entre el realismo y la moral democrática

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14.01.2026

Celebraron los venezolanos, la nación en su conjunto, la extracción del narco dictador imperante en el país, responsable junto a sus inmediatos operadores, de la comisión de miles de violaciones agravadas y sistemáticas de derechos humanos. Son constitutivas, según las misiones de la ONU, de crímenes de lesa humanidad. Restan en las cárceles y sus mazmorras casi mil prisioneros, civiles y militares, por razones políticas, mejor aún, por enfrentar decididamente a sus victimarios o por opinar, simplemente. Se le juzgará como narcotraficante, en Nueva York.

Se trata de una celebración agridulce, sin embargo. No porque se creyese que, tras casi tres décadas de mal llamada revolución bolivariana – de desmaterialización constitucional y de destrucción de la república, hipotecándola a actores extranjeros ajenos a Occidente, a la guerrilla colombiana y al crimen organizado trasnacional – pudiese ser posible, en lo inmediato, restablecer, un clima nacional menos tóxico, la cesación de las prácticas indiscriminadas de “terrorismo de Estado” en Venezuela.

Resulta agria la celebración dado el reordenamiento práctico de las prioridades establecidas, por quienes tienen ahora en sus manos los hilos del poder bruto sobre el territorio venezolano – más allá de que fuese inevitable tal reordenamiento – y por obviarse, en su conjugación, el valor eminente de la experiencia viva de la democracia. Ha sido palmariamente postergada o subordinada.

Las vías de escape, falaces y a la mano, para justificar lo ética y moralmente insostenible, como el omitir la opinión de quienes representan legítimamente a los venezolanos – el presidente electo, Edmundo González Urrutia, y la líder fundamental, María Corina Machado – son variadas. Las han impulsado, desde antes, actores internos y externos, empresas petroleras, sujetos del mismo régimen encabezado por Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores, y los llamados normalizadores. De conjunto y presumiendo de fatal el desenlace del pasado 3 de enero, apenas les interesó sobrevivir. Evitar que el tsunami no se los lleve por delante en el instante. Eso piensan. Los expedientes del Distrito Sur hablarán luego.

Desde entonces, el orden de las acciones ha quedado atado a una premisa que, paradójicamente, junta a la izquierda marxista retrógrada con la derecha extrema iliberal, emparentándose ambas con el dogma que ha dado origen histórico a la tragedia venezolana a saber, creer que el pueblo no está preparado para el bien de la libertad. Que necesita ser tutelado. Que, si cede la tutela, el pueblo se vuelve violencia. Y que, antes de deliberar, para que lo haga libre y serenamente el pueblo ha de tener lleno el estómago. No es el dueño, siquiera, de su misma pobreza. Esa falsa premisa o mito perverso, por cierto, es el que han inoculado en sus pueblos todas las........

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