Crónicas de Facundo: Todos somos responsables, según Machado
La precisa declaración de María Corina Machado a su salida del Departamento de Estado norteamericano: “Se acerca el día en que reuniremos a nuestras familias en Venezuela”, es, por lo visto, el eje vertebrador de su empatía con el alma de esa nación suya y nuestra que ha sido víctima del mal absoluto y de un daño en vías de ser reparado.
Aún hoy, las élites políticas y empresariales que conviven con el régimen proconsular imperante en el país prefieren conjugar en términos petroleros y mineros. Nada más. Olvidan que, así como el conjunto de los venezolanos hemos experimentado la fractura de casi el 30% de la población que ayer nos integrara, que nos ha dado identidad y sentido de vida bajo nuestro “mestizaje cósmico”, Alemania – sirva el ejemplo – sufrió la separación de sus familias, amigos y ciudadanos durante 28 años. Su reunificación fue clave para reintegrarse luego en el plano de lo económico, para la modernización de su infraestructura, la adaptación política y social bajo un mismo sistema y la reconciliación entre dos poblaciones que habían vivido bajo regímenes opuestos.
Los venezolanos de afuera y los de adentro hemos transitado realidades muy distintas durante las décadas precedentes. Resolver al respecto fue complejo para los alemanes. Su realidad, como la nuestra, no era miel sobre hojuelas. Requirió de disciplina, esfuerzo sostenido, espíritu de tolerancia y vocación de servicio, como nos lo demanda Machado.
He repetido que Venezuela no tendrá república sin nación; a menos que a una y otra se las vea como piezas de utilería en el teatro de la mentira. Tanto que, la reunificación de la familia venezolana, propósito al que vino atado el endoso universal a Machado de la confianza de todo el país – dejándose atrás los arrestos de populismo dominantes y la explotación de esperanzas propia al oficio de los políticos vernáculos – es hoy la clave de nuestra resiliencia colectiva y la llave del firme poder de convocatoria que acompaña a la Premio Nobel de la Paz. La “vuelta a la patria” sigue siendo la tarea agonal pendiente. Es responsabilidad de todos.
La manida ley de amnistía en nada resuelve. El conjunto millonario de venezolanos que se desplaza por todo el orbe la entiende como un negocio ajeno y transaccional entre el régimen y “sus élites; como para que no regresen a la patria quienes amenacen la cohabitación política corriente, formada por aquellos desde antes de la purga de Nicolás Maduro y Cilia Flores por Estados Unidos.
A los millones de viandantes venezolanos nada les dice esa ley de perdones recíprocos. Son extraños a la misma. La realidad del ostracismo social es lo que sostiene en su fuerza y vigencia el empeño de María Corina y la urgencia que le pone a la cuestión institucional; a la de la transición hacia un ambiente de democratización cierta y estable, confiable y propicio al regreso del mayor número de venezolanos al país, y no sólo de sus actores políticos.
Abierta la puerta de Brandemburgo, sin alcabalas leguleyas o de jueces corrompidos como en........
