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Crónicas de Facundo: El atrio de los gentiles

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05.01.2026

El atrio o el “cortile dei Gentile” o patio de los gentiles, dentro del Templo de Jerusalén, era el espacio donde judíos y paganos, llamados gentiles, se encontraban para dialogar y hacerse preguntas sin distinciones religiosas. Fue creado durante la renovación o construcción del segundo templo, durante los años 20 y 19 a.C., por el rey Herodes. En este existían áreas propias para los sacerdotes, los judíos, las mujeres, y la ya señalada, dispuesta para recibir a circuncisos e incircuncisos, miembros o no del llamado pueblo elegido, personas educadas o no en la ley, confluyendo allí distintas lenguas y culturas. Simbólicamente, el Atrium Gentium es el denominador común posible frente a la diversidad inevitable de las gentes.

Al mismo se refirió Papa Ratzinger o Benedicto XVI al promover la conformación, bajo ese mismo nombre y dentro del Consejo Pontificio para la Cultura, de un espacio para el diálogo interreligioso a raíz de su memorable encuentro, como Cardenal, con el filósofo laico alemán y miembro de la escuela neo marxista de Frankfurt, Jürgen Habermas. Ambos habían constatado la dictadura del relativismo en boga y confirmado en la idea de que cada individuo, por disperso, hoy busca discernir por sí sólo entre el bien y el mal. Al término, convergieron en la urgencia de aproximar la razón a la fe para resolver. Eran convencidos, justamente, de que en nuestras sociedades, si llegan estas a carecer o dejar de compartir una base ética común, toda existencia personal, la dignidad consustancial a lo humano, acaba por ser víctima de la violencia y la intolerancia, consecuencias de toda deconstrucción cultural, por ende, también política. La experiencia es aleccionadora en Occidente.

No por azar, tal como lo cito y repito en otros escritos, Jacques Maritain, filósofo católico francés, seguidor del tomismo y edificador de la llamada Filosofía de la Inteligencia y del Existir – referida a la capacidad humana para captar el ser de las cosas y adecuar el espíritu a la realidad en búsqueda de la verdad – al trabajar sobre la Declaración Universal de Derechos Humanos y confrontar con la diversidad de ideologías y teorías existentes en el mundo que habrían de darle a esta su justificación racional, explica, como la vía del atrio fue la solución: “La paradoja estriba en que tales justificaciones racionales son indispensables y, empero, incapaces de hacer que las inteligencias concuerden… Son incapaces de lograr que las inteligencias concuerden, porque son esencialmente distintas, y hasta opuestas entre sí”. ¿Cómo habrá ello de asombrarnos?, se pregunta, para agregar luego que, en una de “las reuniones de una Comisión Nacional de la UNESCO en que se discutía acerca de los derechos del hombre, alguien se admiraba que se mostraran de acuerdo, sobre la formulación de la lista de derechos, tales y tales paladines de ideologías frenéticamente contrarias. En efecto, dijeron ellos, estamos de acuerdo tocante a estos derechos, pero con la condición de que no se nos pregunte el porqué. En el porqué es donde empieza la disputa”.

La consideración de Maritain es pertinente y sustantiva, pues salva la........

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