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Crónicas de Facundo: Comprensión de la guerra internacional

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08.03.2026

Se cruzan las críticas, las hace el mismo presidente francés, Emmanuel Macron, sin dejar de acompañar a Estados Unidos por otros caminos, arguyendo la violación por la Casa Blanca del Derecho internacional. Haber actuado punitivamente sobre Venezuela y ahora, en guerra abierta, unido a Israel, contra el régimen terrorista iraní. 

El innombrable jefe del gobierno español, Sánchez, haciendo evidente su personalidad hipócrita, a la vez que describe a Irán como el reducto del mal absoluto condena la actuación norteamericana.

Resulta pertinente, sin caer en esta trampa dialéctica e inútil, reparar en ese Derecho internacional que le sirve hoy de vía de escape a los regímenes depredadores del planeta, para blindar sus propias impunidades. El contexto real, si se quiere, es de desmaterialización de un orden internacional real y efectivo capaz de conjurar los peligros inéditos del siglo XXI y que pueda canalizar, ordenadamente, reduciendo incertidumbres, sus ingentes desafíos, como el de las revoluciones posmodernas, la digital y la de la inteligencia artificial.

El Derecho internacional que ha regido desde 1945, aspirando a verse asegurado mediante un mecanismo orgánico de gobierno representado en el Consejo de Seguridad de la ONU; cuyas normas, teóricamente, son aceptadas voluntariamente los Estados al entenderlas como expresión de la «conciencia común», se demuestra ineficaz desde la guerra de Corea (1950-1953) y experimenta su agotamiento final tras el quiebre epocal de 1989. 

Durante esa elipse, que llega hasta 2019 con la pandemia y sin que el Estado chino hubiese reparado el daño transfronterizo que causó, tal como lo manda el mismo Derecho internacional, ocurre un cambio radical de paradigmas. Ello se constata en los planos de lo cultural como en lo económico, en lo político e institucional, de suyo en el campo de lo jurídico normativo. 

Más allá de la ruptura entre lo que está escrito en los tratados internacionales y la distinta realidad histórica y sociológica que ahora les desafía, la atalaya de la Justicia –el GPS que a todos nos permite validar y justificar sea los comportamientos sociales como sus descripciones técnicas por las leyes internas o internacionales – ha sido banalizada. La idea de la libertad, correctora de la voluntad arbitraria de los gobiernos, ha sido puesta de lado desde cuando se cree – valga el giro de Friedrich Nietzche (1844-1900) – que Dios ha muerto. Somos ahora o fanáticos intelectuales o contumaces relativistas; de allí el caradurismo sanchezco.

El orden jurídico internacional emergido sobre los escombros de la Segunda Gran Guerra del siglo XX y la experiencia del Holocausto, cuyo principio o piedra angular se funda en el respeto a la dignidad de la persona humana, agoniza. Pensemos en Venezuela y en su diáspora de casi 9 millones de marchantes. ¿Cómo puede entenderse que, a pesar de las misiones de Naciones Unidas encargadas de verificar los crímenes de lesa humanidad ejecutados por el régimen de Nicolás Maduro Moros, con informes que escandalizan, nada haya concluido desde hace más de una década la Corte Penal Internacional?  

Otro ordenamiento en medio de un «estado........

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