Democracia, práctica diaria de racionalidad
Tengo una convicción jurídica que considero innegociable: cuando la razón se retira del espacio público, el Derecho deja de ser un límite para convertirse en un simple instrumento. Y cuando el Derecho se instrumentaliza, la Constitución empieza a vaciarse por dentro.
He vuelto a leer a Voltaire como advertencia. Él me enseñó que el fanatismo no es una pasión política más; es una patología del juicio, una ceguera moral que legitima lo ilegítimo. El fanático no evalúa: sustituye el argumento por la lealtad y convierte al contradictor en enemigo. En ese punto, la deliberación se degrada y el lenguaje se vuelve arma.
En Colombia observamos una polarización que se organiza como identidad cerrada. Bajo esta lógica, tanto los seguidores de Uribe como los de Petro —cada cual desde su propio relato— suelen caer en la tentación del equipo; una adhesión emocional que deja de verificar hechos y justifica los excesos propios mientras interpreta la crítica como traición. No me interesa equiparar proyectos ideológicos; me interesa........
