Por el fin del egoísmo
Poco a poco me he ido convenciendo de que el egoísmo es quizá la peor de las características humanas. Con su concurso, la vida en común se empobrece y se vuelve áspera, tensa y agresiva. Cuando dejamos de pensar en los demás —o, peor aún, cuando dejamos de preguntarnos por las consecuencias de nuestros actos sobre los otros— el tejido social se deshilvana.
El egoísmo suele manifestarse primero en gestos mínimos: parquear donde se nos antoja, colarnos en una fila o subir el volumen sin considerar al vecino. Acciones aparentemente inofensivas, o de impacto leve, justificadas siempre desde la comodidad propia, pero que dejan claro el........
