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Colombia después de las urnas

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22.06.2026

Las elecciones son, quizá, la prueba más importante de madurez para una democracia. Durante meses, e incluso años, los ciudadanos discuten ideas, comparan propuestas, defienden candidatos y expresan sus esperanzas sobre el rumbo que debe tomar el país. Es natural que existan diferencias. Lo que no debe ser natural es que esas diferencias terminen convirtiéndose en enemistades irreconciliables.

A medida que Colombia se acerca a nuevos procesos electorales, conviene recordar una verdad elemental: ningún resultado democrático debe convertirse en motivo para la violencia. Quien resulte elegido será presidente de todos los colombianos, hayan votado o no por él, y quienes no compartan su visión conservarán intacto su derecho a disentir, criticar y ejercer oposición dentro de los cauces institucionales que ofrece la democracia.

La historia enseña que las naciones progresan cuando sus ciudadanos aceptan que las urnas son el mecanismo legítimo para resolver las diferencias políticas. Cuando una sociedad decide trasladar esas diferencias a las calles mediante la agresión, la destrucción o el enfrentamiento, nadie gana realmente.

Pierden los comerciantes cuyos negocios son afectados, pierden los trabajadores que dependen de ellos, pierden las familias que ven alterada su tranquilidad y pierde el país entero al deteriorar la........

© El Heraldo