Aquel que es un buen hijo, debe ser buen gobernante
El mayor título que se le puede otorgar a un hombre o a una mujer es, sin duda, el de buen hijo. El amor por los padres nace en la infancia y se expande de manera natural hacia los amigos, para consolidarse finalmente en el amor al prójimo. La doctrina cristiana rescata esta esencia en su mandamiento supremo, sin restar valor a los demás, amar al prójimo como a uno mismo. Quien sigue este principio, sin importar sus convicciones religiosas, trasciende la naturaleza puramente instintiva para convertirse en un ser humano que actúa movido por el amor a sus padres, cuidando de ellos por encima de cualquier otra consideración.
Un día no muy lejano, en plena crisis de una pandemia, atendí a un paciente en situación crítica. En ese momento volví a experimentar aquello que considero mi........
