Qatar, ¿qué está comprando?
Hay regalos que no son regalos. Son inversiones.
Qatar recientemente entregó dos de los obsequios más llamativos del año. Un Boeing 747 de alrededor de 400 millones de dólares para convertirse en el nuevo avión presidencial de Donald Trump. Un avión privado de Qatar Airways para que Gianni Infantino pudiera desplazarse durante el Mundial. Dos destinatarios distintos. Un mismo patrón. Cuando un Estado comienza a repartir “alas” a quienes concentran poder político y deportivo, la pregunta pertinente no es cuánto costaron los aviones, sino qué espera obtener a cambio.
No pequemos de ingenuos. Ningún Estado regala cientos de millones de dólares por generosidad. Mucho menos uno que, desde hace décadas, ha convertido la diplomacia en una sofisticada estrategia de inversión geopolítica.
Por eso la noticia que cubro hoy en realidad no trata de un avión. Trata de la transformación del poder en el siglo XXI.
Durante siglos, las potencias compraban influencia mediante ejércitos, ocupaciones territoriales o alianzas militares. Hoy existen métodos mucho más eficientes y considerablemente más baratos. Se compran universidades, clubes de futbol, cadenas de televisión, museos, aerolíneas, eventos deportivos, fondos de inversión, rascacielos, patrocinios culturales… y, cuando resulta conveniente, también se compran gestos. Un regalo extraordinario nunca es un acto aislado. Es un lenguaje.
Qatar lleva años perfeccionándolo. Entendió antes que muchos que la riqueza energética tiene un rendimiento limitado mientras permanezca bajo tierra, pero adquiere un valor casi infinito cuando se transforma en prestigio, acceso e influencia. El gas natural........
