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Jaime Sabines, en su centenario [I]

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28.03.2026

Jaime Sabines Gutiérrez, nació el 25 de marzo de 1926, vio por primera vez la luz en la Segunda Poniente numero 230, de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, fue el menor de los tres hijos del matrimonio de Julio. J. Sabines y Luz Guiérrez.

A la edad de 12 años, su padre llegó de Líbano a Cuba, después a México, aquí se enroló en la División Veintiuno del Ejército, en Tuxtla Gutiérrez conoce a la que posteriormente será su esposa, perteneciente a una familia de la alta sociedad, el autor de Los amorosos, rememora “…Mi mamá, acostumbrada a ser la niña bonita que tocaba el piano y el violín, entra en la vida de los cuarteles”.

La escritora Myriam Moscona, en su libro De frente y de perfil editado por el Departamento del Distrito Federal a través de la Secretaría General de Desarrollo Social en 1993, Sabines le cuenta, “Fui el Benjamín, o, como se dice en Chiapas, el chunco”.

La poeta Moscona, autora el Último Jardín", retrata la niñez de quién con el tiempo es uno de los poetas contemporáneos con más lectores en México, “Sabines creció en El Ranchito, al poniente de Tuxtla. Entre esas veinte hectáreas, en medio de “vacas, acelgas y rabanitos”, estuvo a punto de perder la primaria impulsado por el río Sabinal, lugar del que solía irse de pinta en sus horas escolares”.

Además, escribe Moscona en el suplemento La jornada cultural, “En su infancia. Sabines ejercitaba la memoria. Su mamá lo llevaba con sus comadres y ahí ante el azoro de esas mujeres, decía de memoria pasajes de la historia de México los nombres de los reyes chichimecas. “Era la gracia de Jaimito. Yo accedía porque, al menos, me regalaban dulces”.

La que fuera su esposa Josefa Rodríguez, ella escribe en la presentación del libro Jaime Sabines Los amorosos Cartas a Chepita, “Jaime y yo nos conocimos desde muy pequeños. Entre nuestras familias existían viejos lazos de parentesco y amistad”.

Cuenta Chepita, “Jaime decía que pensó de mí que era una güereja entrometida. Yo pensé de él que era un niño grosero y orgulloso…Años después de estudiantes en la preparatoria, tuvimos un primer noviazgo que no duró más allá de unos cuantos meses”.

Con el tiempo y un ganchito, los dos emigran a la Ciudad de México para estudiar, él se inscribe en la Facultad de Medicina y ella en Odontología. Después de cursar tres años entre gruesos libros de medicina en general, deserta y le informa, le hace saber a su padre, “Tengo tres años en esta carrera que no me gusta. Si quieres, la termino para qué para que cuelgues mi título en tu casa, pero yo no me voy a dedicar a esto”.

Ya no se dedicó a conocer los problemas del corazón, mejor optó por ver al corazón desde la perspectiva del amor, “Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor”.

POR RUBÉN MARTÍNEZ CISNEROS


© El Heraldo de México