La danza de los traidores
Durante muchos días, la conciliadora palabra presidencial, cuyo recurso más frecuente es minimizar cualquier circunstancia, toleró la disidencia de sus aliados con una maternal explicación de la conducta ajena: no es una traición, es una diferencia de opiniones, una disparidad de criterios, un distinto punto de vista.
Pero cuando el miércoles el rechazo se convirtió en un hecho consumado después de una y otra intentona persuasiva hasta los límites del soborno, como sucedió con el PT y la entrega de 828 millones de pesos para su negocio de guarderías infantiles, la palabra traición, de todos tan temida, apareció en el discurso oficial —de manera si se quiere sesgada o........
