De ocios, negocios y tiempo perdido
Como siempre en septiembre insisto. Esto es una vieja memoria.
Eso es un simulacro, una simulación propiciada por un gobierno cuya “cultura” de la protección civil no puede lidiar con la realidad, pero finge cumplir una responsabilidad.
Una y otra vez se ha dicho: el único beneficio de la mal llamada “Protección civil!” debería ser preventivo: revisión constante de estructuras corrección de hábitos contra la seguridad, como los transportes peligrosos (¿recuerdan la pipa en Iztapalapa y sus muertos y quemados hace apenas una semana?); las deficientes instalaciones eléctricas (“diablitos”), los árboles aprisionados en el cemento cuya caída es inminente; el exceso constante en el aforo de los espectáculos públicos con todo y la riesgosa instalación de escenarios (¿se acuerdan del Parque Bicentenario?) y una larga lista de circunstancias para cuya corrección las “autoridades” de Protección Civil solo sirven como trabazón burocrática de fácil solución: la coima.
Pero fuera de eso es imposible prevenir en la imaginación la suposición o el simulacro.
Se previene evitando los riesgos, no aprendiendo a evacuar sin correr ni empujar. A la hora de la hora, los quiero ver escaleras cuando de nada servirá si hay un terremoto real, como ya se probó en el anterior movimiento del 19 de septiembre de 2017 cuando —por cierto— también hubo un inútil ejercicio simulador.
En septiembre de 2022, el CENAPRED (otro elefantito albino), distribuyó este mensaje como si todos los mexicanos fuéramos parvulitos:
“...Es importante que sepas que actualmente ninguna persona e institución en el mundo ha logrado establecer un procedimiento confiable para determinar fecha, ubicación, ni magnitud de un futuro sismo o determinar la inminencia de alguno. No es posible predecir temblores. No existe estudio científico, dispositivo o algún........
