Hay silencios que invitan a callar… pero no callan
Hace unos días, durante un vuelo, escuché a una niña de unos ocho años —Tania— hacía preguntas. Eran preguntas simples, preguntas que nacían de lo que observaba.
—Papá, ¿de dónde pagaste boletos Premium?
Tania, curiosa, observaba el paisaje. De pronto dijo con asombro: “¡Mamá, mira, el bosque es inmenso!”.
Entonces comenzó a interesarse por lo que intuitivamente pensaba que otros podrían necesitar.
—Abuelo, ¿quieres tu agua? El abuelo le sonrió… pero no hubo un sí, ni un no.
—Papá, ¿quieres tu sándwich?
De pronto lanzó otra pregunta: “¿Qué es esto?” Otra vez, no hubo respuesta.
Tania, sin embargo, no dejaba de preguntar. Seguía intentando. Seguía buscando.
Unos minutos antes de bajar me acerqué y le dije: “No es bosque, es........
