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No fue pertinente, por decir lo menos

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25.08.2026

La política también tiene sus formas y cuando se rompen, las consecuencias pueden ser más fuertes que cualquier discurso o lealtad. El regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa terminó siendo mucho más que la decisión de un gobernador de retomar el cargo después de una licencia.

En apenas 34 horas, se convirtió en un episodio que puso a prueba la relación entre un gobernador, su partido y la presidenta de México.

Hay que empezar por el principio: Rocha Moya se separó de la gubernatura después de que autoridades de EUA lo señalara dentro de una investigación relacionada con el crimen organizado. México pidió elementos que sustentaran esos señalamientos y, mientras las investigaciones continuaban, el gobernador permaneció fuera del cargo, pero sumamente protegido y respaldado por el gobierno federal. El costo político para Morena no fue menor; durante meses, Sinaloa siguió cargando con un gobernador señalado desde Estados Unidos, mientras desde el Gobierno mexicano se mantenía en la posición prudente de investigar, pedir pruebas y respetar la presunción de inocencia. Lo que resulta mucho más difícil de explicar lo ocurrido el viernes.

Después de 112 días de licencia, decidió regresar a la gubernatura. Lo hizo sin avisarle previamente a Claudia Sheinbaum y sin que, según se conoció después, Morena tuviera conocimiento........

© El Heraldo de México