Cuba, aparta de mí a estos cursis
Primero fue Díaz-Canel. Que el yanqui, dijo, iba a encontrar en Cuba una “resistencia inexpugnable” (olvidando, al parecer, el homenaje a los 32 súper militares socialistas que cuidaban a Maduro, barridos por 20 delta force que no sufrieron un rasguño). Así, la revolución castrista se despide —crucemos los dedos porque así sea— como llegó: cursi. Cursi y fanfarrona. Es el gran logro de su revolución cultural.
Una civilización distinguible por su “jiribilla”, su humor guasón, ese que uno reconoce lo mismo en la mejor Celia Cruz, que en Cabrera Infante, que en Reynaldo Arenas, por decir, cedió terreno a una plaga de disparos de nieve, unicornios azules y disparos de los otros en el pecho de los soldados........
