Ibero muestra un ejercicio de transparencia ejemplar ante crisis
La información pública, cuando es clara, oportuna y directa, es la herramienta más eficaz para evitar rumores, desinformación y pánico ante cualquier hecho lamentable. Así ocurrió el pasado viernes durante la ceremonia de graduación de la Universidad Iberoamericana, donde se desplomó la estructura en la que un grupo de egresados posaba para una fotografía.
Las imágenes comenzaron a circular de inmediato en redes sociales y resultaron impactantes. En un entorno digital, la especulación suele propagarse con rapidez. Sin embargo, la reacción institucional fue igualmente inmediata. A través de un comunicado con lenguaje claro y sin ambigüedades, la universidad informó lo sucedido, asumió su responsabilidad y abrió un canal de diálogo con madres y padres de familia para dar seguimiento puntual al estado de salud de los graduados y a las acciones correspondientes.
En su posicionamiento, señaló que el montaje estuvo a cargo de un proveedor externo e informó que se inició una investigación para deslindar responsabilidades. Esta postura no sólo abona a la transparencia, sino que fortalece la confianza pública en momentos en los que la incertidumbre puede dar paso a versiones imprecisas.
No fue necesario que la ciudadanía exigiera información ni que se interpusieran solicitudes formales. La institución entendió que, ante un hecho público, la respuesta debía ser igualmente pública. La transparencia proactiva evita mayores daños y demuestra compromiso con la sociedad.
Este actuar debería ser ejemplo para cualquier órgano de gobierno o institución pública. Cuando ocurren hechos de esta naturaleza, la comunicación abierta y oportuna reduce el impacto social. Reservar información sin justificación o retrasarla suele generar desconfianza; en cambio, difundirla con claridad contribuye a la tranquilidad colectiva y fortalece la rendición de cuentas.
La propia Ley General de Transparencia establece que sólo puede reservarse información cuando su difusión represente un riesgo real y demostrable que supere el interés público de conocerla. El principio es claro: la regla es la publicidad; la excepción, la reserva debidamente justificada.
Asumir responsabilidades e iniciar investigaciones de oficio ante hechos relevantes no es sólo un acto de buena voluntad, sino una obligación ética y legal. Esto ante cualquier tipo de incidentes que son de máximo interés público, lo fundamental es conocer la verdad, garantizar la seguridad de las personas y evitar que los hechos se repitan.
Este caso también invita a reflexionar sobre el momento que vive el sistema de transparencia en el país. La extinción de los órganos garantes no ha seguido una ruta homogénea, mientras algunos estados han concluido la transición, en otros persisten esquemas provisionales y vacíos normativos que generan incertidumbre sobre los mecanismos para garantizar el acceso a la información y los recursos de revisión.
Por ello, el ejemplo cobra mayor relevancia. La transparencia no debilita a las instituciones; las fortalece. Informar con oportunidad, asumir lo que corresponde e investigar con rigor es el camino para construir confianza pública, especialmente en una etapa de transformación institucional.
La lección es sencilla: cuando la información fluye con responsabilidad, la sociedad no necesita exigirla; la confianza comienza desde el primer comunicado.
EX COMISIONADA DEL INAI
